Alberto Witvrun.- Con algunos presidentes municipales en funciones sin importar el género parece repetirse el guion de la película de Luis Estrada la Ley de Herodes que toma el título de la novela de
Jorge Ibargüengotia y que causó revuelo hace 27 años cuando gobernaba el Partido
Revolucionario Institucional (PRI) meses antes de perder el poder con el Partido Acción
Nacional (PAN).
No se puede entender que les pasa cuando el gobierno estatal lo encabeza un hombre
prudente que mantiene controles sobre la operación del gasto público y decisiones
además ha realizado no menos de 2 mil obras en los 84 municipios para instaurar un
nuevo régimen, pero una buena cantidad de presidentes municipales y algunos
integrantes de su gabinete parecen no entenderlo.
En tres años ha mantenido la estabilidad política, económica y social, pero un buen
porcentaje de alcaldesas y alcaldes no quieren ese rumbo, le gana la soberbia y han
sometido a graves crisis a una veintena de municipios cuando tenían la oportunidad de
trascender y contribuir a un cambio verdadero, pero esa mezcla de ambición, soberbia y
desconocimiento han formado cocteles mortales para los ayuntamientos.
Decisiones que parecen simples trámites los complican como la mandataria de Apan que,
en medio de los señalamientos de corrupción, todavía se da el lujo de negar a la
Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH) una pequeña oficina para
que operará el Ministerio Público las 24 horas, mientras la delincuencia común se muestra
descaradamente y la organizada da preocupantes señales, aquí y en el vecino Tepeapulco.
Pero no sólo Doña Zorayda Robles Barrera, también Imelda Cuéllar Cano, quien tiene un
desfalco financiero y está enfrentada con comerciantes, ni que decir de Lorena García
Cázares de Tulancingo de Bravo, denunciada por el Síndico Procurador Hacendario,
esquema que se repite en Mixquiahuala, Huichapan, Ajacuba, Tlahuelilpan o los excesos
del secretario de despacho de Tepeapulco o la inestabilidad en Mineral de la Reforma, que
se refleja en decenas de relevos de funcionarios, sin olvidarse de Tepeji del Río pero sobre
todo de Tula de Allende.
En suma Hidalgo tiene una veintena de Juan Vargas o “Varguitas” que creen en gobiernan
en San Pedro de los Saguaros, crean sus propias reglas e imponen su voluntad, creyendo
que nada es superior a ellos, como lo pensaron un grupo de sus antecesores que ahora
enfrentan procesos penales y cinco de ellos están en la cárcel, sin medir el daño que
hacen al proyecto.
