Alberto Witvrun.- Las celebraciones pagano-religiosas donde las poblaciones rinden tributo a sus santos patrones con el tiempo se convirtieron en jugosos negocios para gobiernos municipales y
estatales por los recursos que se destinan a las ferias y los que ellas mismas generan y que
los gobernados agradecen a sus autoridades que se conserven por lo mismo casi nunca se
rinden cuentas o estas son poco claras, así las pérdidas del erario terminan en los bolsillos
de los funcionarios.
Lo mismo en Ixmiquilpan, que, en Tulancingo de Bravo, Tula de Allende u Actopan crecen
los reclamos por la opacidad con que se “administran” las ferias ahora objeto del modelo
de concesión que nunca deja claro cuántos se recibió por parte de las empresas que se
encargan de organizar las actividades feéricas y que sin duda son buen negocio de lo
contrario nadie se las pelearía.
En Tulancingo donde se celebraba una de las más espectaculares ahora mismo exigen se
aclaren los recursos destinados en 2025 para las dos ferias y cuáles fueron los “cortes de
caja” porque los que se conocen no cuadran las cifras y existen dudas sobre que se hayan
bien administrado.
No se diga Actopan donde Imelda Cuéllar Cano es igual de cuestionada que su homóloga
tulancinguense Lorena García Cázares, mientras el comerciante Emanuel Herández
Pascual ofrece saldo blanco en la feria de Ixmiquilpan, que no es lo mismo que un libro
blanco de la feria y cuya edición anterior se recuerda por su baile con una lata de cerveza
en la cabeza y la opacidad de los recursos aplicados.
Las ferias son un instrumento para el desvío de recursos, pero cada vez más cuestionados
en los cabildos y por la población misma, por lo que resulta urgente que los
ayuntamientos encuentren métodos para darles claridad incluso a la misma Feria de San
Francisco, para que la feria de las ferias no terminen en unos cuántos bolsillos.
