Miguel Á. Martínez. Tula de Allende.- Habitantes de los pueblos ribereños de la presa Endhó advirtieron que el hartazgo social llegó a su límite, ante la falta de respuesta de los tres niveles de gobierno frente a una emergencia sanitaria del mosco Cúlex y el lirio acuático del embalse residual.
Pobladores de Santa María Daxthó, en el municipio de Tepetitlán, difundieron material audiovisual que exhibe la gravedad de la situación: viviendas invadidas por el mosquito culex, al grado de volver insostenible la vida diaria.
El problema, señalaron, tiene su origen en el abandono histórico de la presa Endhó, un cuerpo de agua contaminado por descargas residuales que actualmente se encuentra cubierto casi en su totalidad por lirio acuático, lo que ha convertido al embalse en un foco constante de proliferación de insectos y posibles enfermedades.
Los habitantes denuncian que, pese a múltiples gestiones formales, reuniones con autoridades y compromisos anunciados públicamente, no ha existido una intervención real. Acusan que las respuestas oficiales se limitan a promesas incumplidas y a la justificación reiterada de la falta de recursos presupuestales.
La situación ha comenzado a tener consecuencias visibles también en los animales. En uno de los videos difundidos, un vecino documenta la agonía de un perro que, presuntamente, murió tras sufrir constantes picaduras del mosquito. Casos similares ya se presentan en animales de corral como borregos y cerdos, lo que agrava el impacto económico para las familias rurales.
Los pobladores evitaron detallar públicamente las acciones que podrían emprender, pero advirtieron que la desesperación ha llevado a considerar medidas extremas, como la voladura de la compuerta de la presa.
Los inconformes responsabilizaron directamente a las autoridades de cualquier consecuencia futura, al acusarlas de minimizar el problema y permitir que la crisis se prolongue sin soluciones de fondo.
Finalmente, exigieron una intervención inmediata y coordinada que incluya el control del mosquito, la remoción del lirio acuático y el reconocimiento formal de una emergencia sanitaria que, aseguran, ya desbordó cualquier margen de tolerancia.
