*Tula, la tragedia

Alberto Witvrun.-Cuatro años atrás nueve meses después de iniciada la obra de revestimiento y la redirección del cauce del río Tula, los trabajos realizados por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) se suspendieron el 15 de noviembre, debido a que grupos ambientalistas se opusieron a la tala de Ahuehuetes y Sabinos y acusaban que ocasionarían daños ambientales a la región, no valió el ofrecimiento gubernamental de plantar 10 árboles cada uno de los talados.

La inversión no era menor se mencionarán alrededor de mil 400 millones de pesos, previo estudio que contemplaba evitar inundaciones por un posible desborde del río Tula que capta además de las descargas naturales, las aguas residuales de la Ciudad de México y Zona Metropolitana, pero como no hubo acuerdo definitivo la obra se pospuso, aunque en Conagua se aseguraba que no está cancelada.

Para marzo de 2019, el tema se volvió a abordar porque en breve entraría en funcionamiento el Túnel Emisor Oriente (TEO) en la capital del país, lo que incrementaría notablemente la captación de aguas residuales que se descargan sobre el río Tula que se depositan en las presas Requena y Endhó que sirven para la irrigación de los sistemas de riego 100 y 03 que conforman más cien mil hectáreas.

Nuevamente el proyecto de revestimiento y cambio de dirección del cauce, no se reinició y a principios de este año concretamente en enero se mencionó la posibilidad de que se reanudarán los trabajos, pero el ayuntamiento ahora presidido por el perredista Manuel Hernández Badillo nunca fue notificado por la Conagua, a quien los grupos ambientalistas le exigían que el proyecto fuera amable con la naturaleza.

Pero la naturaleza no fue amable y las fuertes precipitaciones en la región así como en la Ciudad de México, provocaron que desbordara el río Tula damnificando a más de 36 mil personas y la muerte de 17 paciente de la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) por la suspensión en el suministro de energía eléctrica que inhabilitaron los respiradores a los que estaban conectados pacientes de Covid-19.

Ahora la Conagua debe dar a conocer si de haberse realizado esa obra de revestimiento de 19.2 kilómetros del cauce, se hubiera evitado esta tragedia y los grupos ambientalistas que se opusieron, reconocer que radicalizarse y no ceder a estos proyectos, deja en ocasiones amargas experiencias como la que hoy enfrentan.