Miguel Á. Martínez. Tula de Allende.- A cinco años de la inundación que cobró 17 vidas humanas y afectó a más de 30 mil habitantes, llegó al aniversario de la tragedia sin conmemoración pública de damnificados o grupos de la sociedad civil.
E contraste con los primeros años posteriores a la emergencia, en que se organizaron protestas, actos de memoria y exigencias al gobierno. Este 2026, sin embargo, la movilización desapareció.
Liderazgos que anteriormente participaron en los protocolos y actividades conmemorativas atribuyeron la situación a una combinación de falta de apoyo, cansancio y desorganización.
Una de las posturas recogidas señala que no existió interés para organizar una actividad en memoria de las víctimas. La falta de respaldo de las autoridades también habría contribuido.
Otros consideran que, aunque el recuerdo de aquella madrugada permanece, existe cada vez menos disposición para revivir públicamente una tragedia que, cinco años después, sigue asociada para muchos damnificados con pérdidas que nunca fueron plenamente reparadas.
El desgaste de los movimientos ciudadanos también es evidente. Los antiguos liderazgos reconocen que los distintos gobiernos y autoridades terminaron debilitando la organización de los damnificados, al grado de que actualmente son pocos quienes mantienen expectativas de que las instituciones puedan recuperar o compensar lo perdido.
