Manuel Castellanos. Ciudad de México.- Al proponer reformas a la Ley General de Cambio Climático el diputado federal hidalguense Asael Hernández Cerón, sostuvo que no es solo un cambio de artículos, porque en dos décadas de aprobarse se comprobará que “fuimos la generación que frenó el daño ambiental y abrió una nueva etapa para México”.
En tribuna se dirigió a los jóvenes de algo que no está en un libro de texto ni en un informe técnico, sino de su futuro, de la vida que queremos vivir en el país los próximos 30 años.
Nos tocó crecer, dijo, en la generación del “scroll infinito”, pero también en la de los incendios forestales, huracanes cada vez más fuertes, lluvias que no llegan cuando el campo las necesita y calor que convierte ciudades en hornos. No es una película apocalíptica; es la realidad que viven quienes tienen 15, 20 o 25 años.
México debe dejar de medir solo emisiones en un documento técnico y medir la huella de carbono de la vida real. No para culpar a nadie, es para tener un mapa de dónde estamos dañando y dónde podemos cambiar rápido, en suma, obliga al gobierno a trabajar con todos para reducir la huella de carbono en producción, distribución y consumo.
Simple: que lo que se compra, te transporta, estudias y consumes, dejen de ser parte del problema y se conviertan en parte de la solución en tres cambios concretos:
Campañas de educación climática en escuelas, empresas y redes sociales, diseñadas para hablarles en su idioma, no en jerga burocrática. Proyectos de colaboración entre gobierno e iniciativa privada para cambiar hábitos de consumo, movilidad y energía, donde seamos protagonistas, no espectadores.
No se trata de salvar “al planeta” como idea abstracta; es que puedan planear la vida sin miedo a que un huracán destruya donde viven, a que la sequía deje sin agua a su colonia, a que la contaminación aumente el cáncer, los problemas respiratorios y las enfermedades cardiovasculares.
México se comprometió ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático a medir y reducir emisiones, lo que se queda en inventarios lejanos a la vida cotidiana. Esta iniciativa baja ese compromiso a tierra: al barrio, a la fábrica, a la universidad, a la App en su teléfono y rompe un paradigma político: no plantea que el gobierno lo haga todo ni que el mercado se regule solo; propone una alianza entre jóvenes, profesionales, sociedad, empresas y políticos. Una nueva manera de hacer política climática.
