Miguel Ángel Martínez. Tula de Allende.- Ante la violencia que sacude al municipio, la convocatoria difundida durante la semana, para la marcha por la paz y la seguridad terminó evidenciando el temor y la indiferencia social: apenas un reducido grupo de personas salió a las calles para exigir respuesta de las autoridades.
La movilización, promovida desde el martes a través de redes sociales, surgió como reacción a la escalada de violencia que dejó diez asesinatos en una semana y trece en apenas ocho días. En el discurso digital, decenas de ciudadanos manifestaron respaldo e incluso aseguraron que participarían; en los hechos, la realidad fue otra.
No más de una veintena de vecinos de distintas colonias se congregó para marchar por las principales vialidades del centro de Tula, lo que se consideró fue producto de una mezcla de indiferencia y miedo.
El contingente avanzó por calles como Zaragoza, 5 de Mayo, Morelos e Hidalgo, portando papeletas con mensajes de paz y coreando consignas en favor de un municipio seguro, mientras la mayoría de la población observaba a distancia.
Desde banquetas, comercios y automóviles, algunos ciudadanos aplaudieron el gesto; el recorrido culminó en la presidencia municipal, a donde los manifestantes llegaron sólo para encontrar puertas cerradas y ausencia total de autoridades.
Enrique Anaya, reconoció la escasa asistencia y consideró que el miedo a represalias por parte de la delincuencia pudo inhibir la participación ciudadana. Aun así, subrayó que guardar silencio no es opción y que alguien tiene que hablar por quienes viven bajo la sombra de la inseguridad.
