La canalla política invadió al periodismo, pero convence a poca opinión pública

Por Rogelio Hernández López

Por enero de 2006 este reportero preguntó al exsecretario de Educación Pública, José Ángel Pescador Osuna, por qué no participaba como candidato a senador o diputado federal y su respuesta ubicó muy bien el comienzo de un largo ciclo, muy infamante, de la política en México.

— Me invitaron del PRI –dijo–. Me negué en automático. La política está muy envenenada. Son tiempos de canallas–, interpretó entonces.

Ese año, en efecto el ambiente político era denigrante y se reflejaba en los medios:

El PRI mostraba serias fisuras por su candidato Roberto Madrazo;

En el PAN no restañaban la desunión por el “hijo desobediente” Calderón Hinojosa.

No coloreaban Roberto Campa Cifrián ni Patricia Mercado.

Más que todo se extendió a los medios la inquina contra Andrés Manuel López Obrador: “AMLO es un peligro para México”, acuñó Antonio Solá, consultor propagandístico al servicio del PRI.

La caracterización de política envenenada que hizo entonces Pescador Osuna, el doctor en Economía especializado en Administración de Educación Superior parece vigente y ahora ya permeó a buena parte del periodismo, pero con una diferencia:

Desde antes del proceso electoral en marcha, la opinión publicada y la opinión política crean tensión entre quienes participan en ellas, porque se expresan virulentamente y se enfocan en contra o a favor de la imagen presidencial. Lo irónico es que parecen un tanto distantes de la opinión pública mayoritaria, como lo demuestran todas las encuestas.

El inquina de estos días

Sólo en lo que va de febrero quien busca información en los medios impresos, electrónicos y en internet encontrará información reiterada y opiniones que parecen debates intensos, prolongados y generalizados, sea por la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, por el contagio y el no uso de cubrebocas del presidente, por el proyecto de reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, por la intención de regular a las redes sociales, por la presunta desaparición de algunos institutos autónomos, por la promoción del senador Félix Salgado Macedonio y, entre otras cosas, sobre todo por las vacunas, el plan de vacunación y el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.

Empero, las opiniones parecen debates sin serlo. De los dos bandos, la mayoría se enfocan a la gestión presidencial con acusaciones dolosas, ponzoñosas hacia las personas muchas de ellas.

Al revisar los datos que se manejan para criticar acremente, en buena parte de los casos son incompletos, faltos de fundamentos y con interpretaciones forzadas para poder acusar.

Así ocurre con las afirmaciones de que “el presidente inauguró un aeropuerto sin terminar” cuando se informó ampliamente que inauguraría los pistas militares;

O como el acusar que quiere eliminar los institutos autónomos cuando ya se aclaró varias veces que permanecerían el Instituto Nacional de Transparencia, (INAI), la Comisión Reguladora de Energía y el Instituto Federal de Telecomunicaciones entre otros. Y así en cada tema.

Los opinadores hipercríticos, columnistas, articulistas, conductores de noticieros en radio y televisión y pensadores “libres” en internet, son mayoría, como lo verificaron en el área de análisis de presidencia en dos comparativos que hicieron.

Un tema que se subió desde hace diez meses a los medios de prensa y en redes sociales como objetivo de la hipercrítica es Hugo López Gatell, convertido en una especie de costal de golpeteo sistemático, tanto que se generalizó el apodo peyorativo del Zar del Covid.

Pero la opinión pública es distinta.

La opinión pública, definida como el pensamiento común de sectores y/o la mayoría de las personas acerca de un asunto, es distinta de la opinión publicada y de la opinión política porque estas las externan grupos bien identificados entre sí en los medios masivos. Las dos formas más seguras para conocer la opinión, tendencias y/o comportamientos de la opinión pública es mediante encuestas de opinión y elecciones y no en aquellas opiniones.

Lo que desconcierta a los opinadores hipercríticos es que a pesar de tantas opiniones contrarias en los medios de comunicación y por tanto tiempo, la aceptación ciudadana sobre el presidente López Obrador no mengua, aunque obtengan bajas calificaciones algunas de sus políticas sobre seguridad, de economía y otras. Incluso los diez meses de hipercrítica a López Gatell, no han logrado mayoría de la opinión pública.

Véase la encuesta del 14 de febrero de 2021 de Consulta Mitofsky sobre El Coronavirus. Se precisa haber entrevistado a 1,000 mexicanos mayores de 18 años con dispositivos móviles inteligentes con acceso a internet. La estimación se basa en la estratificación de cuatro variables demográficas (Población por entidad, sexo, edad y escolaridad).

La proyección se basa entonces en que la población mayor de 18 años y más en 2020 sería de 83 millones 452 mil 050 personas y de este total el 72 por ciento es la cantidad probable de personas que tiene acceso a internet, lo que resultaría en 60 millones 085 mil 476 personas. Esta es la población probable que representa la encuesta de Mitofsky.

Así, en cinco meses de distancias, entre el 2 de agosto de 2010 y el 14 de febrero de 2021, la cantidad de personas encuestadas que aprueban la forma que el presidente ha manejado la crisis del coronavirus subió 4.2 por ciento, esto es más de 2 millones y medio probables. (ver gráfica)

En el caso de López Gatell en esos cinco meses aumentaron en poco más de un millón las opiniones malas, pero en contraste subieron 1 millón 682 mil 392 más las opiniones favorables, esto significa que el porcentaje que lo aprueba subió de 49.8 a 52.6. Es la mayoría de la población proyectada en esta encuesta.

Desprecio al buen periodismo

Si existen varias explicaciones sobre esta distancia entre las opiniones publicadas y políticas con la opinión pública. En el centro de las comprensión hay que colocar los cambios recientes en los medios de prensa que hace mucho se calificaba como el cuarto poder pero que ahora desprecian la información de servicio a la sociedad para cambiarla por la practica descarnada de opiniones enfocadas a conducir a la mayoría de población.

De las elaboraciones más recientes sobre esto hay que referir una sobre los medios de Estados Unidos y otra de la prensa en México.

El estadunidense Jerry A. Coyne publicó el 03 febrero 2021 en la Revista Letras Libres de México un ensayo donde concluye que la objetividad de la cobertura informativa ha dejado de ser un fin para muchos medios mainstream (tradicionales). Eso implica la muerte del buen periodismo”.

Los medios, sostiene “han entrado una fase posperiodística en la que la objetividad de la cobertura informativa ha dejado de ser un fin. Ese objetivo ha sido sustituido por un periodismo que satisface a una audiencia de nicho… Implica un desgarrador giro desde un periodismo de los hechos a un “posperiodismo” de opinión”

Otra reflexión, es del periodista doctorante en Derecho a la información, Gerardo Albarrán de Alba en la Revista Zócalo de febrero de 2021. Su ensayo se llama La prensa mexicana: de la subordinación del pasado a la construcción del futuro. Allí asevera lo siguiente:

“Asistimos a un momento clave para la reconfiguración del modelo de negocio de los medios en México, basado históricamente en la dependencia y subordinación del poder político en turno.

“Los medios pueden aprovechar la oportunidad para ganar su independencia y servir a la sociedad, o seguir apostando –como muchos lo hacen todavía– a que la presidencia de Andrés Manuel López Obrador será sólo un paréntesis en el negocio de la connivencia y complicidad con el status quo al que han servido y del que han vivido.”

En resumen, aquella canalla política que se mostró en 2006 se reavivó tras el triunfo Electoral de López Obrador en 2018 con la diferencia de que ahora, más que nunca, invadió más al periodismo profesional para trastocar sus normas de servicio informativo y el análisis bien hecho para privilegiar la opinión interesada, aunque sea de poco sustento. Eso inyecta toxinas a las relaciones entre políticos y la sociedad. Por fortuna, esa prensa todavía no convence a la mayoría de la opinión pública. ¿Lo confirmaremos en las elecciones de junio?