Segunda marcha en apoyo a P. Charrez

Ixmiquilpan.- Con la pretensión de exhibir públicamente el supuesto respaldo ciudadano del que goza Pascual Charrez Pedraza, un grupo de personas realizó una segunda marcha de “apoyo y agradecimiento”, durante el reciente fin de semana, por calles de la zona centro de esta cabecera municipal, esto, a una semana de que las autoridades estatales y federales vincularon a este alcalde con un grupo delictivo.

En la movilización participaron no más de 150 ixmiquilpenses, provenidos de comunidades como El Maye, San Nicolás, El Mandho, San Juanico, Capula, Cerritos Capula, Juandho, Villa De La Paz, Cerritos Remedios y Julián Villagrán, sólo por mencionar; paralelo al respaldo a su líder moral, ese grupo también provocó gran malestar entre los vecinos y transeúntes de esa zona, por el caos vehicular que provocaron en las calles.

Sin embargo, la indignación ciudadana se recrudeció, porque irresponsablemente se realizó aquella concentración masiva, en pleno semáforo rojo de la pandemia del Coronavirus Covid-19, y más aún cuando funcionarios de la alcaldía han venido alardeando sobre su presunta oposición a que se efectué cualquier tipo de acto, con multitudinaria presencia de personas, según en acato de las medidas preventivas sanitarias del estado y la federación.

Pues, en esta marcha pacífica grupal, los participantes exhibieron algunas obras sociales, mediante fotografías, impresas en vinilonas, en las que también plasmaron leyendas de agradecimiento a Pascual Charrez; concluyeron con un mitin en la parte frontal del ayuntamiento, donde igual hicieron uso de un equipo de sonido, para enlistar otros logros del alcalde y exaltar su “espíritu benefactor”.

Apenas la semana pasada, trabajadores y funcionarios emprendieron una primera marcha pacífica, igual en respaldo de Pascual Charrez, pero igual provocaron las mismas reacciones negativas de diversos sectores sociales ixmiquilpenses, por los potenciales focos de contagio que representa ese tipo de movilizaciones o concentraciones de personas.

Por Arturo G. Alanis