* las otra voces de la UAEH

Alberto Witvrun.-En los últimos dos años se empezaron a escuchar voces en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) que nada agradan a Gerardo Sosa Castelán presidente del Patronato Universitario y jefe absoluto del Corporativo Grupo Sosa, que ha convertido a la institución en un partido político violentando la bandera que enarboló en 1982 para apoderarse de esta casa de estudios, pero que no ha sido suficiente para concretar su proyecto personal.

Las denuncias aisladas, apagadas con la expulsión o con el despido, se volvieron colectivas como sucedió con la reciente marcha en contra de la violencia contra las mujeres luego del feminicidio de Lorena Berenice, donde se trató de impedir la participación de estudiantes de la UAEH primero mediante convocatoria del Consejo Estudiantil Universitario del Estado de Hidalgo (CEUEH) y luego mediante la intimidación.

Antes en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (Icshu) denunciaron a una funcionaria cercana a Gerardo Sosa por proteger a un sobrino al que acusan de acosador e incluso de violador, mediante la colocación de carteles de protesta en aulas, pasillo y sanitarios del instituto, así se han registrado otras protestas que las autoridades universitarias han impedido que trasciendan.

Ahora un grupo de académicos del Centro de Investigaciones en Matemáticas del Instituto de Ciencias Básica e Ingeniería, se opone a una decisión abusiva por parte de las autoridades  que los quieren reubicar para demoler el edificio que ocupan desde 2004, pero sin ofrecer una alternativa para su reubicación, lo que parecería un proceso normal a no ser por las amenazas del director a académicos y alumnos que no obedezcan.

Estas manifestaciones, reflejan un hartazgo de la comunidad universitaria de las decisiones verticales con que se maneja esta institución, que atenta contra los derechos de los universitarios e incluso la libertad de cátedra en suma la falta de una convivencia democrática y participativa, lo que empieza a minar controles y “autoridad” de Gerardo Sosa Castelán, a quien preocupan esas voces universitarias.

 

 

 

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