Miguel Á. Martínez. Tlaxcoapan.- A siete años de la explosión del ducto de Pemex en San Primitivo, Tlahuelilpan, el 18 de enero de 2019 que costó la vida a 137 personas en el predio Las Viborillas, que es el siniestro más grande en la historia de Hidalgo, no canceló la extracción y comercialización ilegal de hidrocarburos conocido como Huachicol, por el contrario, esta actividad hoy se asocia a otros delitos y tiene sumida a la población en un clima de violencia delincuencial.
El siniestro se registró en el kilómetro 226 del ducto, en los límites de Tlahuelilpan y Tlaxcoapan; no obstante, el predio, geográficamente está situado en el segundo municipio.
Producto de aquel viernes negro, 137 personas murieron a consecuencia de las quemaduras y lesiones provocadas por la explosión, aunque la cifra ha sido cuestionada desde entonces por habitantes y familiares de las víctimas.
La región Tula–Tepeji ya era, antes de 2019, una de las más golpeadas por el robo de combustible.
Durante años, la ordeña clandestina de ductos se convirtió en una actividad recurrente, tolerada o ignorada por distintas autoridades.
La explosión ocurrió precisamente en el arranque de la política federal contra el huachicol, cuando el cierre de ductos generó desabasto de gasolina y tensiones sociales en diversas zonas del país.
Lejos de representar un punto de inflexión, la tragedia no logró erradicar el problema. Se recuerda que apenas un día después de la explosión, los chupaductos, generaron otra picadura con fuga en Teocalco de Tula.
Siete años después, el robo de hidrocarburos persiste y la zona suroccidental de la entidad, la cual continúa encabezando las estadísticas delictivas relacionadas con Pemex a nivel nacional.
En un recorrido por la zona cero, se constató el abandono del lugar.
No existe un memorial oficial ni infraestructura que recuerde a las víctimas. Ante ello, los familiares han reiterado su demanda de justicia, reparación del daño y la edificación de una casa de oración o espacio conmemorativo.
Este domingo 18 de enero, se celebrará una misa en el sitio del estallido, como un acto simbólico para mantener viva la memoria de una tragedia que el tiempo no ha logrado sanar.
