Andrés A. Solis*
La reacción violenta de los integrantes del grupo criminal de Jalisco mostró que
algo en el operativo de las fuerzas federales no funcionó o no se previó, porque
estos personajes provocaron 250 bloqueos viales, decenas de quemas de
vehículos, estaciones de gasolina, tiendas de conveniencia y más y además
pudieron destruir carreteras y emboscar a militares e integrantes de la Guardia
Nacional.
El gobierno no reconocerá este fallo que costó vidas y causó millonarias pérdidas
que fueron documentadas por más de 24 horas por miles de personas con sus
teléfonos celulares y por las larguísimas horas de cobertura periodística de los
hechos que iniciaron muy temprano este domingo.
Este contexto de violencia en al menos 20 estados del país motivo el
desplazamiento de decenas de estados del país, periodistas de prensa escrita,
radio, televisión y medios digitales que pusieron en riesgo su propia seguridad
para informar con certeza y claridad a la sociedad.
El periodismo en estos casos debe ser un aliado de las autoridades precisamente
para dar datos claros y precisos sobre los hechos y contribuir a que la propia
sociedad tome las mejores decisiones ante situaciones que amenazan la
seguridad.
Pero vimos varios detalles.
Como siempre, las autoridades fueron omisas en informar a la prensa. Pasaron
muchas horas para que las autoridades comenzaran a dar datos sobre lo que
estaba sucediendo. Horas para confirmar de qué se trataba el operativo ya en
curso y más horas adicionales para que desde la Presidencia de la República
comenzara a confirmar la presunta muerte del líder criminal buscado.
Pero después de eso pasaron muchas horas más para que se emitieran
comunicados de prensa e informaciones oficiales.
La opacidad informativa genera vacíos informativos y esos vacíos alguien los va a
llenar y no necesariamente con información cierta y útil y menos en los tiempos de
las redes socio digitales y la inteligencia artificial.
En algunos casos las fuerzas federales obstruyeron la labor periodística, como
suelen hacerlo.
También vimos, otra vez, la falta de protocolos de cobertura e medios y periodistas
que salieron a la calle sólo a cubrir la nota, pero sin planes de seguridad para
evitar ser víctimas de una agresión ni para evitar quedar en medio de un probable
fuego cruzado.
Algunos y algunas periodistas cayeron en la tentación de alterar escenas de un
crimen, moviendo casquillos, alterando evidencias y eso constituye un delito, no
una cobertura profesional.
De nuevo vimos a las empresas de medios que son omisas en dar garantías a sus
periodistas para hacer coberturas seguras.
Y desde el Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos
Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación se limitaron a decir que
estaban pendientes de lo que pudiera suceder.
Lo peor es que habrá medios y periodistas que no se detendrán a hacer una
evaluación de lo que hicieron.
*Periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de
buenas prácticas para la cobertura informativa sobre violencia”. Integrante del
Consejo Consultivo del Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de
Derechos Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación. Conduce el
programa “Expedientes MN”, que se transmite los viernes a las 18:10 hrs., por la
cadena de Meganoticias
