Hará falta un plan de salud mental por el aislamiento en los no contaminados

Por Rogelio Hernández López

Fueron pocos los mexicanos que se recluyeron parcialmente al iniciar la segunda quincena de marzo, cuando inició la campaña de Sana Distancia. Cuando termine el mes, la parálisis de actividades alcanzará a millones, probablemente la mayoría, por el aislamiento terapéutico.

Cuando el retraimiento sea general –según estudios de especialistas médicos–, será inevitable que germinen dos consecuencias entre los no contaminados por el virus de las coronas: se acumularán los déficits en el autocuidado y vendrán afectaciones masivas en la salud mental que se expresan en disturbios de identidad y sentimientos de perdida de dignidad.

Ante tales previsiones médicas, ya confirmadas en diversos estudios, sería dable esperar que los gobiernos de los tres niveles tengan listo un plan de salud mental. Pero al revisar los distintos sitios de instituciones de salud, tanto federal como estatales, no parece previsión alguna.

La información más reciente es que apenas en enero de 2020 se reconocieron las oquedades y la descoordinación en esa área médica y se anunció que se constituiría la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) con la fusión de Servicios de Atención Psiquiátrica (SAP), el Consejo Nacional Contra las Adicciones (Conadic) y el Consejo Nacional de Salud Mental (Consame). Mientras, no se emitido un plan nacional de salud mental y tampoco se sabe que se esté haciendo uno especial por la pandemia entre los mexicanos.

El aislamiento reduce el autocuidado.

Uno de los estudios específicos analiza “El impacto del aislamiento terapéutico en el autocuidado: una aproximación desde la teoría Orem realizado por la licenciada en Enfermería y Master en Gestión y Aplicación del Conocimiento del Autocuidado en Enfermería en la Universidad de Alcalá, España.

Los resultados obtenidos indican que en un entorno de aislamiento social, se observan déficits en el autocuidado porque no se cubren de manera satisfactoria tres de los ocho requisitos universales: “ En las gráficas de resultados se específica el registro de los “Desequilibrios entre actividad y reposo en factores humanos como ambientales, en las condiciones de vida por factores ambientales, en la prevención de peligros para la vida y funcionamiento y bienestar, también hay irregularidad en la promoción de normalidad tanto en los factores humanos como en los ambientales.”

En el modelo de análisis se refiere que “las personas tienen cinco tipos diferentes de necesidades: fisiológicas, de seguridad, de amor y pertenencia, de estima (necesidad de autoestima y necesidad de estima por parte de los demás) y de autorrealización… estos cinco tipos de necesidades forman una jerarquía, de manera que cuando dos o más necesidades están insatisfechas, las personas tienden a satisfacerlas en una secuencia determinada, empezando con las necesidades más bajas de la jerarquía.”

Por la cuarentena, stress, confusión y enojo

A fines de febrero se difundió otro estudio con el nombre: El impacto psicológico de la cuarentena y cómo mitigarlo. Sus resultados revelaron “efectos psicológicos negativos, incluyendo síntomas de estrés postraumático, confusión y enojo. “La mayoría de los efectos adversos provienen de la imposición de una restricción de libertad… Los resultados se pueden ver en la revista médica británica The Lancet con la autoría de Samantha K Brooks, Rebecca K Webster, Louise Woodland, Simon Wessely, Neil Greenberg y Gideon James Rubin.

El estudio “se basó en 24 estudios académicos elaborados en diez países con poblaciones afectadas por el síndrome respiratorio agudo severo (conocido como SARS, por sus siglas en inglés), el ébola, la pandemia de influenza H1N1, el síndrome respiratorio del Medio Oriente y la influenza equina.”

“Los factores que provocaron más estrés, de acuerdo con el análisis, fueron una mayor duración de la cuarentena, temor de contagiarse la infección, frustración, aburrimiento, suministros inadecuados, información inadecuada, pérdidas financieras y estigma. En algunos casos, se identificaron efectos duraderos, que se prolongaron incluso cuando pasaron varios años desde la cuarentena.

Aislamiento y pérdida de identidad

“El aislamiento es el contrapunto que daña la Identidad y por tanto la salud mental” asegura la investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos, Maruxa Oñate Español, en una tesis de 2014 llamada: Aislamiento y patología inherente.

Explica que el aislamiento se define “cuando no existe intercambio de pensamiento, de afectos por la existencia de un encerramiento físico, psíquico, mental o sensorial. Proceso que parte de la incomunicación y daña a la psique. Asociado, siempre está la falta de libertad”.

“Freud definió Salud Mental como la capacidad de trabajar y de amar. Cualquiera de las dos situaciones precisa de comunicación, de relación. La Salud Mental por tanto no se puede adquirir ni mantener en aislamiento.”

“El Aislamiento Social –agrega–: es el que produce, bien la sociedad bien el propio sujeto a través de un previo aislamiento físico. Sociedad y sujeto se separan; impuesto por la sociedad o impuesto por el sujeto.

“Nos encontramos una forma consciente, desde afuera, que provoca el proceso adentro, a través de la incomunicación. Ésta sería la causa de los disturbios de la propia identidad. De este modo de aislamiento provocado por el afuera, uno por el sujeto y otro por la sociedad:

“… el sentimiento de identidad tiene que vivirse integrado desde tres vínculos en interrelación continua que harán un todo: la identidad. Sólo incorporándose los tres podrá tenerse dicho sentimiento de identidad. Los siguientes vínculos comprenden relaciones específicas y funciones:

El vínculo Espacial; el vínculo Temporal y el vínculo Social…. La identidad que conlleva el aspecto psíquico, pero también el social, si éste falta sin poder ser social porque no hay comunicación con el otro, sufre necesariamente una pérdida de identidad. Se puede confirmar, de igual manera, que a la salida de un lugar de encierro aparece una perdida temporoespacial del sujeto y dicha pérdida incide negativamente en la Identidad. Por tanto, cuando hay un proceso de Aislamiento, lo primero que perdemos es, poco o mucho, la Identidad.

Medidas ante la cuarentena

En la primera quincena de marzo, instancias de gobierno, medios y periodistas hicieron circular profusamente medidas preventivas para evitar el contagio, luego vino la recomendación de la Sana distancia que comenzó a aplicarse. Para los días y semanas que vienen hace falta un Plan De Salud Mental para la segunda etapa de la pandemia en México o al menos un mínimo programa de información y comunicación para el periodo de aislamiento terapéutico.

En el estudio llamado El impacto psicológico de la cuarentena y cómo mitigarlo se hacen las siguientes recomendaciones:

“Si la cuarentena es esencial, nuestros resultados sugieren que los funcionarios deben tomar todas las medidas para garantizar que esta experiencia sea lo más tolerable posible para las personas. Esto se puede lograr: diciéndole a las personas lo que está sucediendo y por qué, explicando cuánto tiempo continuará, proporcionando actividades significativas para que realicen mientras están en cuarentena, proporcionando una comunicación clara, asegurando suministros básicos (como alimentos, agua y suministros médicos) están disponibles y refuerzan la sensación de altruismo que las personas deberían, con razón, sentir.”

“Los funcionarios de salud encargados de implementar la cuarentena, que por definición están empleados y generalmente tienen una seguridad laboral razonable, también deben recordar que no todos están en la misma situación.”

Pero, aunque no lo refieren directamente estos investigadores, otro factor que trastoca los equilibrios de la salud mental en situaciones de emergencia nacional son las angustias cotidianas generadas por la difuminación de las fuentes de ingresos en los trabajadores y propietarios de miniempresas o medianas. Para ellos se esperaba que el viernes 20 de marzo el gobierno federal y gobierno estatales anunciaras un plan de reacción económica.