Alberto Witvrun.- Con tres lustros en Hidalgo luego de ser particular de Luis Echeverría, fue con Jorge Rojo como gobernador presidente estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI),
después diputado federal y en el gobierno de Guillermo Rossell presidente municipal de
Pachuca, para el arribo al Ejecutivo de Adolfo Lugo Verduzco ser secretario general de
Gobierno.
Era 1987; en su campaña Lugo Verduzco enfrentó la presión del Grupo Universidad que
tenía el control del Sindicato Burócrata, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
(UAEH) y alianzas con otros sindicatos, agrupaciones de comerciantes y transportistas,
además 15 gobiernos municipales y dos diputaciones locales.
Desde ahí Gerardo Sosa lanzó la campaña Hidalgo para los Hidalguenses dirigida a Gil
Elorduy por su origen sinaloense y encargado de reducir la extraterritorialidad de los
universitarios y su proyecto de llevar a la gubernatura al jefe del grupo; cuyo primer
proyecto cayó en 1986 con José Antonio Zorrilla, autor intelectual del homicidio del
periodista Manuel Buendía.
Gil Elorduy, cumplió, cercó a Gerardo Sosa, redujo su fuerza al reformar la Ley de la
Administración Pública para crear un sindicato por poder y ubicarlos en el Apartado B de
la Ley del Trabajo con la coyuntura que su dirigente y diputado local Sabas Salinas, estaba
prófugo por el homicidio de una mujer en el bar Porkys.
También estuvo cerca el encarcelamiento de Gerardo y Agustín Sosa, por el caso de la
Banda de El Edy, lo que se hubiera logrado a no ser por un acuerdo político que se tradujo
en el exilio de 9 meses de Gerardo Sosa en 1990, que le quitó fuerza a clan y lo remitió a
mantener fuerza gracias al control de la UAEH.
Ernesto Gil, luego volvió a ser diputado federal, Senador, secretario de Educación,
coordinador del Congreso local y comisionado de la Comisión Federal de
Telecomunicaciones; político profesional con visión de Estado y mano dura, que recién
concluyó su ciclo vital, con quien tuve una relación profesional cordialmente áspera que
se suavizó con el diálogo y el tiempo.
Por una negociación del propietario y del director del diario Nuevo Día, Pablo Bernal y
Marco Antonio González con Gil Elorduy, fui despedido en 1989; tres años después de que
por orden de José Guadarrama secretario de gobierno de Guillermo Rossell, lo fui de
Radio y Televisión de Hidalgo, por ser un “reportero rebelde” y “enemigo del gobierno”.
