Close Menu
Diario Vía Libre
    Facebook X (Twitter) Instagram
    Últimas NoticiaS
    • El despojo silencioso contra las mujeres
    • Consolida su estructura el Partido Verde: Magaña
    • Celebran que la charrería sea patrimonio cultural 
    • Controversia por predio para casas del Bienestar
    • La Reforma, primer lugar en el índice de información 
    • Multas a 115 empleadores por no acudir a audiencias 
    • Déficit de policías no terminará esta administración en Tlaxiaca
    • Fortalece transparencia en San Salvador, la Contraloría
    Diario Vía Libre
    Suscribete
    martes, marzo 10
    • Inicio
    • Estatal
    • Política
    • Sociedad
    • Deportes
    • Seguridad
    • Columnistas
      • Deslinde
      • El rincón del chaman
      • Miradas de Reportero
      • Entre Periodistas
    Diario Vía Libre

    El despojo silencioso contra las mujeres

    10 marzo, 2026 Sociedad
    Facebook Twitter LinkedIn Email WhatsApp Copy Link Telegram
    Facebook Twitter LinkedIn WhatsApp Email Telegram Copy Link

    *La violencia económica es de las que poco se habla, pero muchas veces empieza
    dentro de la propia familia.
    José Luis Guevara

    Casi todos conocemos la historia de hijas que renuncian a su parte de la casa familiar
    “para evitar problemas”. O la de uno o varios hermanos varones que terminan
    apoderándose y dilapidando el patrimonio de sus madres y hermanas. Y, tristemente, la
    de madres que, convencidas de que están haciendo lo correcto, piden a sus hijas que
    cedan para que el “hombrecito” de la casa pueda llevar la vida que cree merecer. Son
    historias atemporales que se repiten todos los días y en todos los lugares.
    La violencia económica no necesariamente deja moretones ni aparece con la misma
    claridad en las estadísticas como otras formas igualmente cobardes de violencia contra las
    mujeres. Sin embargo, sus consecuencias también son profundas, dependencia y pérdida
    de autonomía. Y muchas veces ocurre justo en el lugar donde debería existir mayor
    protección: la propia familia.
    No ocurre solo en un tipo de familia ni en un nivel socioeconómico específico. La violencia
    económica contra las mujeres atraviesa todos los estratos sociales. Se repite, generación
    tras generación, en muchos hogares humildes y en otros de gran riqueza. No siempre llega
    con gritos o amenazas; a menudo aparece disfrazada de tradición o de costumbre.
    La violencia económica no siempre adopta la forma típica de impedir que una mujer
    trabaje o de controlar su salario. Muchas veces se esconde en decisiones que durante
    años se han considerado normales dentro de las familias. Sucede cuando los padres
    entregan la casa o el negocio familiar al hijo “porque él lo va a cuidar”. Cuando a la hija se
    le excluye del patrimonio con el argumento de que “ya se casará” o, teniendo pareja, de
    que ya no lo necesita. Cuando se le presiona para aceptar que los hermanos varones
    reciban y administren los bienes familiares para “no dividir a la familia”.
    En demasiados hogares latinoamericanos sigue operando una lógica silenciosa: los
    recursos familiares terminan concentrándose en los hombres. No es solo una percepción
    cultural o un secreto a voces. En América Latina y el Caribe, una de cada cuatro mujeres
    no tiene ingresos propios, según el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL.
    Una dependencia económica que con frecuencia las deja en una posición más vulnerable
    dentro de sus propios hogares. Cuando una mujer no tiene acceso a propiedad,
    patrimonio o ingresos propios, su margen de decisión se reduce. Tiene menos capacidad
    para enfrentar una crisis o construir un proyecto de vida independiente.
    Las cifras ayudan a dimensionar el problema. En México, dos de cada diez mujeres
    mayores de 15 años han sufrido violencia económica o patrimonial dentro de su relación
    de pareja, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares
    (ENDIREH 2021) del INEGI. Según la misma encuesta, más de 13 millones de mujeres en el
    país han enfrentado algún tipo de control sobre su dinero, su trabajo o sus bienes.
    Estas dinámicas rara vez responden a actos de una sola persona. Son el resultado de una
    cultura que durante generaciones ha asignado a los hombres el control del patrimonio.

    Por eso, el despojo contra las mujeres dentro de las familias muchas veces va
    acompañado de la presión —o la complacencia e incluso complicidad— no solo de los
    hombres, sino también de otras mujeres del propio núcleo familiar.
    Así, el patrimonio de muchas familias sea poco o mucho, termina financiando la vida de
    hijos a los que durante años se les enseñó que la familia siempre los rescataría por el
    simple hecho de ser hombres. A lo largo de la historia, el inmerecido premio de
    consolación para “burros” y “baquetones” ha sido apoderarse de aquellos bienes que por
    derecho corresponden a las mujeres de su casa.
    Las leyes mexicanas reconocen la violencia económica como una forma de violencia
    contra las mujeres. El problema ya no es tanto la letra de la ley como lo son las viejas
    prácticas.
    Increíblemente, siendo la justicia ciega y mujer, mientras a los hombres se nos permite
    casi acudir ante la Suprema Corte para decidir a quién corresponde el dominó del abuelo;
    al género femenino se le cuestiona social y legalmente cuando decide acudir a buscar
    justicia ante tribunales —título de propiedad en mano— para denunciar violencia
    económica en su contra.
    Con toda razón, cada 8 de marzo las calles se llenan de consignas justificadas. La fecha es
    una oportunidad para dimensionar lo mucho que falta en la búsqueda de la igualdad
    sustantiva y de una vida libre de violencia para las mujeres.
    Pero también debería ser una oportunidad para mirar hacia adentro, hacia esos espacios
    cotidianos donde las desigualdades siguen reproduciéndose con normalidad, como lo
    puede ser la familia. Una oportunidad para entender que la equidad no se construye solo
    en las leyes o en el discurso público.
    También se construye en decisiones aparentemente pequeñas: cómo se reparten las
    herencias, quién controla una propiedad, quién administra un negocio familiar, por
    pequeño o grande que sea. En otras palabras, cómo se distribuye el poder económico
    dentro de la familia.
    La independencia económica también es una forma de libertad.
    Y ninguna familia debería construirse sobre el despojo silencioso de sus mujeres.

    Share. Facebook Twitter LinkedIn Email WhatsApp Telegram Copy Link

    Te puede Interesar

    Celebran que la charrería sea patrimonio cultural 

    10 marzo, 2026

    Multas a 115 empleadores por no acudir a audiencias 

    10 marzo, 2026

    Iniciativa para fortalecer la adopción de animales 

    10 marzo, 2026
    Facebook X (Twitter) Instagram
    © 2026 Diario Vía Libre. - Contacto. - Aviso de Privacidad.- Desarrollado por Innovatice Web Solutions.

    Type above and press Enter to search. Press Esc to cancel.