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    *Desde adentro

    20 septiembre, 2023 Deslinde
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    Alberto Witvrun.- En conversación en 1995 con el gobernador Jesús Murillo Karam abordamos el tema de la
    Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y del Grupo Integral de Desarrollo de
    Hidalgo, A. C. nombre de la asociación que se autonombró Grupo Universidad convertido
    en grupo político de permanencia que lo retó al inicio de su administración causando
    destrozos en la discoteca Vibrance.
    Jesús Murillo estuvo cerca del proceso para diluir la fuerza del grupo de Sosa en el
    gobierno de Adolfo Lugo Verduzco, que desembocó en el auto exilio del universitario en
    septiembre de 1990, dejándolo fuera de las candidaturas a alcaldes del Revolucionario
    Institucional (PRI) pero que lo salvó de ir a la cárcel, para regresar en mayo de 1991 como
    rector.
    Murillo Karam, ordenó la detención de Marco Antonio Sánchez Altamirano presidente de
    la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH) y a partir de ahí la relación
    con la UAEH fue institucional con la ventaja: que había control en la universidad y, no
    estaba convulsionada como las de otras entidades que generaban inestabilidad social,
    Guerrero o Oaxaca, como ejemplos.
    Aceptó que el Clan Universitario era un mal necesario y sostuvo que cualquier cambio en
    la UAEH debía surgir de un movimiento interno, cualquier acción externa estaba
    condenada a fracasar; no se equivocó así sucedió con la rebelión del último presidente de
    la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH) Alejandro Rosas García en
    2001.
    De ahí la importancia del movimiento en el Instituto de Artes contra la imposición de
    Teresa Paulín Ríos, porque no hay manos externas y, viene creciendo por la soberbia de
    Gerardo Sosa, que no permite que nada suceda si no es con su autorización y menos que
    un grupo de jóvenes contradiga su decisión.
    La simulación en la elección de directores, esta vez tuvo rechazos y no esperaban que la
    inconformidad creciera, la menospreciaron y perdieron el control, ahora les urge
    apagarlos porque ya se extendió a otros institutos y el riesgo es grande, el alumnado
    reclama democracia y afecta el control que desde hace 41 años ejerce Gerardo Sosa.
    Aunque justifiquen la represión con el falso argumento de que hay infiltrados.

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