El atentado a Nuevo Día, 32 años después

Alberto Witvrun.-La madrugada del 6 de junio de 1988, desde dos vehículos en movimiento manos que quedaron anónimas porque nunca se avanzó en las investigaciones realizaron once disparos con armas de grueso calibre a las instalaciones del diario Nuevo Día que desde su aparición en 1985 denunció la ola de terror impuesta en las principales ciudades por el brazo armado del grupo que se apoderó en 1982 de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) la tristemente célebre Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH).

Las ojivas encontradas por los peritos fueron de los calibres .45 y .9 milímetros, el mensaje era claro, no solo para el medio de comunicación para el que trabajaba cubriendo la fuente política y la educativa, propiedad de +Pablo Bernal Ballesteros y dirigido en ese momento por Marco Antonio González Pineda, también lo era para el gobernador Adolfo Lugo Verduzco, que había anunciado para el 7 de junio (día siguiente del atentado) un desayuno conmemorativo del Día de la Libertad de Expresión.

Nunca hubo un señalamiento directo pero la averiguación previa 12-SP-976/988 tuvo como principal línea de investigación la probable responsabilidad de integrantes de la FEUH, que tenía a sus principales huestes armadas, “equipo” que se decía les fue proporcionado tres años antes por el ya entonces prófugo de la justicia José Antonio Zorrilla Pérez, que tenía como aliado a Gerardo Sosa Castelán, con quien había establecido el compromiso de impulsarlo a la gubernatura, después de que él consiguiera este objetivo.

Zorrilla Pérez a quien le dieron origen hidalguense en Zimapán, fue presidente del Revolucionario Institucional (PRI), director de Gobernación con Guillermo Rossell, luego director de la temida Dirección Federal de Seguridad (DFS) con Manuel Bartlett Díaz como Secretario de Gobernación (Segob) y para 1986 candidato a diputado federal por Pachuca, hasta que fue culpado de ser el autor intelectual del homicidio del periodista Manuel Buendía ocurrido el 30 de mayo de 1985.

José Antonio Zorrilla Pérez, huido desde 1986, sin poder lograr su propósito de ser gobernador en 1987, había dado la fortaleza necesaria al Grupo Universidad, como para derrotar al grupo de choque Movimiento de Integración Juvenil de Hidalgo (MIJH) creado por Mariano Acoltzin Vidal a través del doctor Rosendo Chávez para mermar a la FEUH, lograr 15 presidencias municipales y dos curules en la 53 Legislatura local y retar al gobernador Adolfo Lugo Verduzco.

Por eso se señaló al Grupo Universidad como autor del atentado, que estuvo cerca de costar la vida al velador de Nuevo Día Nicolás Cabrera Lozada y cuyo testimonio aún permanece en las cortinas del local que se ubica frente al mercado Revolución en la avenida del mismo nombre, pero los siguientes cinco años del gobierno de Lugo Verduzco, solo lograron disminuir su fuerza, pero este delito como el atentado a la casa de Alfredo Rivera Flores y muchos otros quedaron si castigo.
A 32 años de distancia, los problemas de orden judicial no han terminado para Gerardo Sosa Castelán y su clan que está lejos de tener la fuerza de los ochentas, por lo que ha emigrado de facto y ahora formalmente de un partido a otro, pero su arribo a Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no ha sido el mejor, menos ahora que le congelaron a la UAEH por segunda vez en 15 meses cuentas bancarias por 151 millones de dólares.

La Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) reveló que la Drug Enforcement Administration (DEA) mantiene una investigación a partir de los movimientos financieros y Santiago Nieto Castillo, sostiene que se investiga a funcionarios de la UAEH, que como institución educativa es respetada, pero no hay que sorprenderse si al final tampoco se prueba delito esta vez, mientras Gerardo Sosa Castelán mantiene su obsesión por el poder.